lunes, 11 de febrero de 2013

Yo

Yo he vivido cosas que no debería vivir nadie. He visto subir y bajar la cabellera de mi madre mientras esnifaba una raya de coca. La he visto pasarse la tarde pálida y desmayada, sin apenas moverse. He sentido el dolor que se siente cuando te rajan el alma con palabras, y también el dolor de cuando te parten la cara, sin motivo, la desesperación y el terror más absoluto, el desprecio y la compasión, y la confusión de no saber si odiar o amar. Me he encerrado en mis escritos y en mi mundo, en los libros, y aún así no se ha paliado mi tristeza. He querido acabar con todo, y a la vez no he querido cambiar en nada. Esto es lo que soy, un ser herido que lame sus heridas sin perdonárselas. Esto es lo que seré.

miércoles, 23 de enero de 2013

Perdido en el gris y el humo, sin ti

Seguía buscando tu mirada, entre aquellas personas, esas gentes sin hogar, sin vida. Pero no era capaz de recordarte, de verte con claridad dentro de mi cabeza, ¿cómo sabía si realmente te diferenciabas de aquella existencia vacía que lo inundaba todo con su ruido y su humo?

Y así mendigué por la gris ciudad, perdiéndome en las esquinas y olvidando quien soy, que soy, en contra de todos aquellos cazadores y serpientes que me buscan y me traicionan. Y yo los esquivaba, o les mentía, engañándome a mi también, perdiendo mi esencia pura. Por ti.

Perdidos en la misma ciudad infinita, las casualidades parecían imposibles. Nunca podría encontrarte, no podría volver contigo a nuestras cumbres blancas, donde nos perdíamos cada madrugada, cuando el sol pintaba con colores la blanca nieve, y nuestra risa era la música del bosque. Pero en el asfalto el sol no puede pintar, y con el sonido de los coches, tu risa se extingue y se deforma, hasta no ser más que un gemido monstruoso.

Y cuando ya estaba a punto de perder la esperanza, cuando iba a rendirme y dejarme ser engullido por todos aquellos seres grises que me rodean, te vi; el sol de la tarde teñía tus cabellos de fuego, tus ojos eran el fondo del mar más brillante, acuosos y verdes y azules y violetas y negros. Tus labios me miraban, con una media sonrisa, y tu piel canela, como siempre, plagada de tatuajes, resplandecía con un aura azul que te envolvía toda. 

Me acerqué a ti, y el viento parecía que nos quería separar. El día que hizo más viento que nunca, lo llamé. Tenía tus labios a un palmo de distancia, cuando murmuraste algo que no entendí, y te volviste a perder. No fue hasta que tu recuerdo se desvaneció cuando me di cuenta de lo que dijiste.

Au revoir, ¿no, amada Celeste?

lunes, 14 de enero de 2013

Rude boy

Rómpeme, golpéame, dame. Sigue, sigue, hasta hacerme sangrar. No puedes romperme, no puedes doblegarme. No pares. No cederé, así que continúa.

No me verás pestañear, ni llorar, ni arrastrarme a ti. No me verás suplicar. Solo sonreiré, esperaré otro golpe, uno tras otro, con los ojos abiertos, mirándote fijamente, sin pestañear.

No eres capaz de dañarme. Nadie puede.


miércoles, 2 de enero de 2013

Consúmeme


Transfórmame en humo, hazme desaparecer. Quémame, respírame, bébete mi cuerpo. Consúmeme y písame, como la colilla de tu cigarro.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Añil

Perdida entre el humo azulado de los cigarrillos que fumas, que consumes entre tus finos labios de cuchilla, me hundo. Con el suave aroma de la menta y la hierbabuena caigo en una ensoñación violácea, magenta y añil, que transporta mi esencia incorpórea y la transmuta, cambiándola y deformándola. Y aunque no estoy, sigo estando, pues te veo, aquí, delante de mi, aún fumando, dejando escapar el humo en espirales a través de las fosas, cerrando los ojos con cada calada y tirando con un gesto leve la ceniza en el suelo. Estoy aquí, pero también estoy allá, en el añil, mezclándome, muriendo cada segundo y resurgiendo.

Te acercas a mi, pero a la vez te alejas -de mi, de mi otro yo, de la esencia perdida en lo etéreo-. Alargas la mano y me acaricias las mejillas, pasas tus dedos por mi rostro, mis labios, y siento como se eriza cada vello de mi cuerpo al tu contacto eléctrico. Me besas y abrazas y yo siento que me deshago. Me desintegro.

Abro los ojos y ya no soy yo, ni tu, pero seguimos siendo. Allí, en el añil, mezclados, junto al humo de tus cigarrillos, con el olor de la menta y la hierbabuena.